La necesidad de proteger los océanos no es solo una cuestión ambiental, sino también económica. Así lo planteó Theresa Zabell, doble campeona olímpica de vela y fundadora de la Fundación Ecomar, durante su intervención en el Green World & Sustainability Forum 2026. Su mensaje se resume en una frase: «Al mar no le vamos a ganar nunca. Lo que tenemos que hacer es ganar con el mar».

Los océanos ocupan el 71% del planeta y actúan como amortiguador frente al calentamiento global. De su salud dependen la biodiversidad marina, la protección de las costas y actividades productivas como la pesca.

Un seguro gratuito que tiene límites

Zabell recordó que los océanos han absorbido más del 90% del exceso de calor generado durante las últimas décadas. Ese servicio, advirtió, no es gratuito a largo plazo: «Lo que el mar absorbe nos va pasando luego una factura climática que todavía no hemos sido capaces de pagar».

Para explicarlo recurrió a una metáfora financiera: el océano funciona como un seguro del que disfrutamos todos sin pagar prima. El riesgo, según su planteamiento, es dar por descontada esa protección y olvidar que su capacidad de resistencia no es ilimitada.

Educar, concienciar, actuar y reparar

Ecomar nació hace más de 27 años, después de que Zabell se retirase de la competición, con la idea de «devolverle al mar por lo menos una pequeña parte» de lo recibido. La fundación resume su método en tres verbos: educar, concienciar y actuar. Hace una década sumó un cuarto, reparar. «Si no empezamos a reparar una parte de lo que ya habíamos destruido, pues realmente vamos tarde», sostuvo.

Zabell defendió la prevención como la fórmula «más barata y económica» de proteger los ecosistemas marinos. Aun así, la entidad trabaja también en la restauración. Actualmente replanta Posidonia oceanica, una planta endémica del Mediterráneo que protege las costas de los temporales y genera oxígeno.

Como ejemplo de recuperación citó el atún rojo, cuya pesca se restringió. De ahí su idea de que «al mar también hay que dejarle descansar» para que los ecosistemas recuperen el equilibrio.

Educación en colegios, centros náuticos y playas

El segundo frente de Ecomar es la educación. Según Zabell, sus actividades llegan cada año a unos 100.000 niños, a través de colegios, centros náuticos y playas. En las recogidas de residuos, los participantes aprenden qué ha llegado a la costa, por qué está allí y cómo evitar que se repita.

Su compromiso tiene origen en una experiencia concreta: un sedal transparente de pesca le impidió subir al podio en un campeonato de Europa. Desde entonces, afirmó, «el mar pasó de ser mi terreno de juego a ser mi objetivo».

Qué significa para las empresas

El análisis de El Noticiario apunta a que la intervención de Zabell deja tres ideas útiles para el mundo empresarial.

  • El océano es un activo productivo. Sectores como la pesca dependen directamente de la salud de los ecosistemas marinos. Su deterioro es un riesgo operativo y no solo reputacional.
  • Prevenir sale más barato que reparar. Si la prevención es la vía más económica, las compañías con exposición al mar, a las costas o al turismo litoral tienen incentivos para anticiparse en lugar de reaccionar a posteriori.
  • La financiación privada es clave. Zabell señaló que la mayor parte de la financiación de Ecomar es privada y que algunas empresas llevan más de veinte años apoyando el proyecto de forma altruista. Es un ejemplo de colaboración sostenida que va más allá de la acción puntual.

Conviene, además, leer el mensaje con cautela. La restauración de ecosistemas, como la replantación de posidonia, requiere continuidad y resultados medibles. Para las empresas que quieran sumarse, la clave será financiar programas con objetivos claros y seguimiento a largo plazo, más que acciones de imagen aisladas.

«En nuestro deporte no hay tiempo muerto»

La regatista trasladó al desafío ambiental una norma de la competición: leer las señales y prepararse antes de que llegue una racha permite seguir avanzando, mientras que reaccionar tarde puede dejar a los rivales dos olas por delante, una distancia difícil de recuperar.

Su conclusión fue que la meta exige una victoria compartida: «Estamos todos en el mismo equipo y no buscamos una medalla de oro». El objetivo, dijo, es una medalla «azul por una cara y verde por la otra», que permita seguir viviendo en el planeta.