La rentabilidad a largo plazo de los distintos instrumentos de inversión en España desde el año 2000 deja una conclusión nítida: quien ha mantenido su dinero en fondos de renta variable ha obtenido, de media, más que quien optó por el Ibex, el ladrillo o los fondos de renta fija. El análisis, que abarca 25 años, sitúa la apreciación media anual de los fondos de acciones en el 6,5%.

El ranking de rentabilidades desde 2000

El estudio compara cuatro alternativas habituales para el ahorrador español: la vivienda, la Bolsa, los fondos de renta fija y los fondos de renta variable. Los resultados, expresados en promedio anual, son los siguientes:

  • Fondos de acciones: 6,5% anual.
  • Ibex: 3,6% anual.
  • Vivienda: 3,5% anual.
  • Fondos de bonos: 1,8% anual.

El orden responde a la lógica clásica de los mercados: a menor riesgo, menor rentabilidad. Los fondos de renta fija, los más conservadores, cierran la clasificación, mientras que los de renta variable, situados en la parte alta de la pirámide de riesgo, encabezan la tabla.

Llama la atención la escasa distancia entre el Ibex y la vivienda, con solo una décima de diferencia. Ambos quedan, no obstante, a casi tres puntos porcentuales de los fondos de acciones, una brecha que, acumulada durante un cuarto de siglo, resulta muy relevante.

Inversión y ahorro: una diferencia de riesgo

La inversión consiste en destinar recursos a obtener un beneficio y se distingue del ahorro en que este último busca ganancias sin exponerse a riesgos, mientras que la primera asume, en mayor o menor grado, la posibilidad de sufrir pérdidas. Para el inversor particular, la inversión puede ser inmobiliaria o mobiliaria; dentro de esta última cabe una vertiente conservadora, la renta fija, y otra más dinámica, la Bolsa.

El análisis recuerda que todos los mercados atraviesan ciclos de subidas y bajadas, aunque con una tendencia positiva en el largo plazo. La volatilidad, además, guarda relación con la vocación inversora de cada producto: cuanto más rentabilidad se persigue, más oscilaciones hay que estar dispuesto a soportar.

Un caso práctico: dos mellizos y un fondo a 25 años

El trabajo ilustra el razonamiento con un ejemplo cotidiano. Alfonso y Enrique, mellizos de diez meses, celebran su bautizo y su padrino les ha abierto un fondo de inversión de renta variable internacional con un horizonte de 25 años. La idea es que padres y familiares realicen aportaciones adicionales en celebraciones y fechas señaladas, de modo que el capital acumulado pueda ayudar a los niños en su juventud y en su madurez.

Es una fórmula sencilla que aprovecha el factor que más pesa en la inversión: el tiempo. Con un plazo tan amplio, los vaivenes de los mercados tienen más margen para compensarse.

Qué significa para ahorradores y empresas

El análisis de El Noticiario sobre estos datos apunta a varias lecturas prácticas:

  • El plazo condiciona la elección. Los resultados corresponden a un periodo de 25 años. Quien necesite el dinero en pocos años no puede dar por supuesta la misma rentabilidad ni la misma estabilidad.
  • La rentabilidad media no es la rentabilidad de cada año. Un promedio anual del 6,5% convive con ejercicios negativos. Aguantar esas caídas es parte del precio de la renta variable.
  • La vivienda no es la apuesta infalible que a menudo se supone. Con un 3,5% anual, queda prácticamente igualada con la Bolsa española y muy por debajo de los fondos de acciones, aunque conviene recordar que el inmueble cumple además una función de uso y residencia.
  • La renta fija sirve para otra cosa. Su 1,8% anual refleja un perfil de protección, no de crecimiento.

Para las gestoras, asesores y entidades que comercializan fondos, las cifras refuerzan el argumento a favor del ahorro sistemático y de la planificación familiar. Para las empresas que ofrecen planes de ahorro a sus empleados, subrayan la importancia de adaptar el nivel de riesgo al horizonte temporal de cada trabajador.

Una cautela necesaria

Los datos son medias históricas y no garantizan resultados futuros. Antes de comparar productos conviene revisar qué incluye cada cifra, como comisiones, impuestos o dividendos, y diversificar según el perfil de riesgo de cada persona. Esta información es de carácter divulgativo y no constituye una recomendación de inversión.