El Banco de España estudia reducir el número de despachos individuales en su sede de la plaza de Cibeles, en Madrid, como consecuencia de las obras de su futuro museo, un proyecto que impulsa el gobernador, José Luis Escrivá. La medida, que según las fuentes consultadas sigue en fase de definición, ha generado cierto malestar entre parte de la plantilla directiva.

Quién conservaría el despacho propio

La idea que se maneja es que solo mantengan despacho los niveles más altos del organigrama: directores generales, directores generales adjuntos, directores de departamento y jefes de división. El resto de los escalones del grupo directivo pasaría a trabajar, si la propuesta se materializa, en espacios compartidos.

El grupo directivo de la institución se divide en 14 niveles distintos, y la plantilla total asciende a 3.486 empleados. A modo de referencia, el cuerpo de inspectores se sitúa en el noveno nivel de la escala laboral.

Los afectados esgrimen un argumento práctico: la pérdida del despacho pondría en riesgo la confidencialidad de muchas de las conversaciones que mantienen por teléfono o por videollamada. En amplios sectores de la alta Administración, además, el despacho propio sigue siendo un símbolo de estatus, lo que añade sensibilidad al debate interno.

Escrivá no es partidario de los despachos tradicionales, algo que ya mostró durante su etapa al frente de la Airef, la autoridad fiscal independiente.

Cuántas personas se verán afectadas

Desde el supervisor bancario señalan que resulta difícil estimar cuántas personas acabarán en espacios comunes, porque todo dependerá del diseño que presenten los arquitectos ganadores del contrato. Insisten, en todo caso, en que el edificio dispone de margen para reubicaciones: tras las últimas ampliaciones, el complejo ocupa una manzana entera con más de 115.000 metros cuadrados de superficie disponible.

La institución cuenta con otro inmueble en Madrid, menos emblemático y de ladrillo visto, en la calle Alcalá, 522. Allí trabaja sobre todo el personal dedicado a funciones operativas, logísticas y de servicios generales.

El museo: cámara del oro y 3.500 obras

Hace un año, el Banco de España eligió a Estudio Herreros para diseñar el proyecto del museo, que exhibirá más de 3.500 obras de arte y una de las colecciones numismáticas más completas del país. El estudio ha firmado, entre otros, el Museo Munch de Oslo y el Malba Puertos de Buenos Aires.

La pieza central será la cámara del oro, una cámara acorazada construida a 35 metros bajo la sede de Cibeles. Tiene 2.500 metros cuadrados, puertas de hasta 16 toneladas y un foso de acceso inundable alimentado por dos arroyos subterráneos. Esa singularidad inspiró el asalto de la serie 'La casa de papel' y la cámara nunca ha estado abierta al público. La previsión es que pueda visitarse en 2028.

Los lingotes que se mostrarán no serán los auténticos, sino una reproducción adjudicada mediante concurso a una empresa especializada. Los reales llevan tiempo custodiados en otra zona secreta del edificio, de seguridad igual o superior a la de la cámara histórica.

El museo abrirá por completo en 2029. Se desconoce el importe final de las obras, que se costearán con cargo a los presupuestos del propio Banco de España.

Qué significa para las empresas y los profesionales

Más allá de la anécdota, el caso refleja una tendencia que ya se ha extendido en el sector privado: replantear el uso del espacio de oficina y cuestionar el despacho individual como atributo de jerarquía. La diferencia es que aquí el motor no es el ahorro de costes, sino la necesidad de liberar superficie para un uso cultural y público de un edificio histórico.

Para los profesionales de la banca y la consultoría, la discusión sobre la confidencialidad es pertinente. Quien trabaja con información sensible de entidades supervisadas necesita espacios adecuados para llamadas y reuniones. Cualquier diseño que sustituya despachos por zonas comunes tendrá que incluir salas cerradas o cabinas que garanticen la privacidad.

También es una señal sobre la gestión de Escrivá: un proyecto de gran visibilidad que obliga a tomar decisiones internas impopulares. Habrá que ver si la propuesta se aprueba tal como se plantea, cómo se aplica por niveles y qué solución de diseño ofrecen los arquitectos, factores que determinarán el coste real, tanto económico como organizativo, de abrir las puertas de Cibeles al público.