La deuda de EEUU ha pasado en cuestión de días de ser el principal foco de inquietud de los mercados a funcionar de nuevo como activo refugio. El cambio llega en un contexto de ventas generalizadas en Bolsa y en otros tramos de renta fija, y desplaza el epicentro de las alarmas hacia la deuda francesa.

Del 5,30% a menos del 5% en dos semanas

Hace apenas un mes, los ajustes de carteras propios del cambio de semestre se desarrollaban bajo una amenaza concreta: la rentabilidad exigida al bono estadounidense a diez años se aproximaba al 5%, un nivel que tradicionalmente se considera una línea roja para otros mercados, como el de renta variable.

En pleno cambio de trimestre, el interés de ese bono superó la barrera del 5%. El temor a una escasa disciplina fiscal por parte de la Administración Trump siguió alimentando la desconfianza, y la escalada continuó hasta rebasar con holgura el 5,30%, sus máximos desde 2007, en el germen de la crisis financiera.

Dos semanas después de tocar ese techo, el movimiento se ha invertido. El rendimiento, que evoluciona en sentido contrario al precio, ha bajado cerca de 40 puntos básicos y se sitúa hoy incluso por debajo del 5%, en medio de una oleada de compras.

La tecnología y la IA aceleran la huida hacia la seguridad

Detrás del giro está el nerviosismo en las bolsas. Los analistas de Interactive Brokers señalan que las acciones tecnológicas se desploman a medida que unos resultados poco alentadores avivan la preocupación por una posible desaceleración en el ámbito de la inteligencia artificial. Según explican, los inversores dudan cada vez más de la rentabilidad de las inversiones masivas del sector, y esa cautela los lleva a refugiarse en los bonos del Tesoro, con la consiguiente caída de sus rendimientos.

A ello se suma que otro refugio clásico, el oro, sigue lastrado por la firmeza del dólar y por las presiones de los bancos centrales. Esa debilidad deja más espacio a la deuda estadounidense para absorber las desinversiones procedentes tanto de la renta variable, con las tecnológicas en el punto de mira, como de la renta fija europea.

Francia, en el centro de la tormenta

Mientras el bono estadounidense se alivia, la presión se concentra en París. El coste de la deuda francesa a diez años se mantiene muy por encima del 5%, en zona de máximos de 2002. Los analistas de Tressis atribuyen la desconfianza a la inestabilidad política, las protestas sociales y las dificultades para reconducir el déficit presupuestario.

La sesión de ayer agravó el cuadro: la rentabilidad del bono galo a diez años superó el 5,10% y, por primera vez desde 2013, su coste fue mayor que el de la deuda estadounidense.

Desde Norbolsa apuntan que la rentabilidad de las referencias soberanas europeas aumenta lideradas por la tensión en la curva francesa. Renta4 advierte además de que el problema de Francia se está contagiando a los bonos de Italia y Bélgica. El encarecimiento del petróleo añade presión sobre Francia y tiene un impacto menos relevante en Estados Unidos, que depende menos de la energía importada.

Moody's, la cita de hoy

La agenda de este viernes incluye la actualización de la calificación crediticia de Francia por parte de Moody's. Los analistas no descartan una rebaja, que podría reforzar de nuevo el flujo inversor hacia la deuda estadounidense.

Qué significa para empresas e inversores

El episodio recuerda que el concepto de refugio es relativo y cambia con rapidez según dónde esté el riesgo percibido. Hace un mes, el Tesoro de EEUU era el origen de las dudas; hoy es el destino del dinero que huye. Para las empresas, el movimiento tiene una lectura inmediata: un bono estadounidense más barato aligera la referencia global de financiación, pero el encarecimiento de la deuda francesa y su contagio a Italia y Bélgica complica la emisión y la refinanciación en la zona euro.

Para el inversor, la principal enseñanza es la fragilidad del equilibrio. La caída del rendimiento estadounidense responde más a una búsqueda de seguridad por el castigo a la tecnología que a una mejora de las cuentas públicas, de modo que los temores sobre la disciplina fiscal no han desaparecido, solo han quedado en segundo plano. Si las tensiones en renta variable se disipan, la atención podría volver al déficit de Washington. Y si Francia sufre una rebaja, el diferencial entre ambos mercados será una variable que vigilar de cerca.