La presidencia de Trump llega a las elecciones de mitad de mandato de este martes después de 21 meses de decisiones que han alterado las reglas del comercio, la política exterior y el funcionamiento del Gobierno federal. Para el votante estadounidense, el factor que más pesa es el económico: las encuestas reflejan un profundo malestar por la guerra contra Irán, que ha disparado el precio del combustible y encarecido el coste de la vida.

Una sucesión de crisis que se eclipsan entre sí

El ritmo de acontecimientos ha sido tan intenso que episodios que en su día parecieron definitorios han quedado relegados. En junio del año pasado, Donald Trump ordenó el despliegue de miles de efectivos de la Guardia Nacional en las calles de Los Ángeles, medida a la que siguieron Washington D. C., Portland, Chicago y Memphis. En apenas dos semanas, Estados Unidos estaba bombardeando Irán.

Desde su regreso a la Casa Blanca, el presidente indultó a los participantes en el asalto al Capitolio del 6 de enero y firmó órdenes ejecutivas polémicas, entre ellas una que pretendía eliminar la ciudadanía por nacimiento, derecho recogido en la 14ª Enmienda. También planteó que Canadá se convirtiera en el estado número 51, reclamó la soberanía sobre Groenlandia y declaró que tomaría el control de Gaza para transformarla en una "Riviera de Oriente Próximo".

En el plano administrativo, encargó a Elon Musk un recorte drástico del Gobierno federal y el desmantelamiento de USAID, la principal agencia de ayuda internacional. Su Administración deportó a cientos de personas a una prisión de máxima seguridad en El Salvador, lo que desencadenó una intensa batalla legal sobre el debido proceso. Además, Trump y su vicepresidente reprendieron en público al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en el Despacho Oval.

El «día de la liberación» y su efecto en los mercados

El punto de mayor impacto económico llegó en abril con el llamado «día de la liberación», cuando Trump anunció aranceles punitivos para casi todos los socios comerciales de Estados Unidos. La medida desmanteló un sistema de comercio global vigente durante décadas.

Los gravámenes provocaron una fuerte oleada de ventas de deuda pública estadounidense y suscitaron advertencias de figuras financieras como Jamie Dimon, de JPMorgan. Esas turbulencias se prolongaron después con un aumento repentino de los precios mundiales de la energía, impulsado por la guerra en Oriente Próximo.

Poder ejecutivo sin precedentes y frentes abiertos

Detrás de estas decisiones subyace, según los expertos consultados, un intento de ampliar los límites del poder presidencial más allá de lo que se había atrevido cualquier predecesor. Julian Zelizer, profesor de historia política en Princeton, lo resume así:

"Se trata de una interpretación extraordinariamente amplia de las facultades presidenciales. Ese es, en realidad, el rasgo definitorio de los dos primeros años de su presidencia".

La ofensiva alcanzó a bufetes de abogados, universidades y medios de comunicación, y obtuvo como respuesta numerosas impugnaciones legales. En inmigración, agentes del ICE comenzaron a operar en ciudades de todo el país, con redadas que generaron protestas en Los Ángeles y el despliegue de la Guardia Nacional y de marines.

Sus partidarios lo ven como un iconoclasta que derriba un sistema "amañado" y elogian que haya cumplido sus promesas de cerrar la frontera, ejecutar deportaciones masivas y desmontar las políticas medioambientales de Joe Biden. Sus detractores denuncian un abuso de poder. Erwin Chemerinsky, decano de la Facultad de Derecho de Berkeley, sostiene que "nunca habíamos tenido un presidente con tan poco respeto por la Constitución y las leyes".

Qué significa para las empresas y los inversores

Más allá del debate político, el balance de estos 21 meses deja una lección para el mundo empresarial: la incertidumbre regulatoria y comercial se ha convertido en una variable estructural. Los aranceles generalizados, la reacción del mercado de deuda y el encarecimiento energético muestran que las decisiones de la Casa Blanca pueden trasladarse con rapidez a los costes de financiación, a las cadenas de suministro y al gasto de los hogares.

Para las compañías con exposición a Estados Unidos, esto implica planificar con escenarios más amplios, diversificar proveedores y vigilar la evolución del precio de la energía. Para los inversores, la volatilidad en la deuda pública, un activo tradicionalmente refugio, es un recordatorio de que los episodios de tensión política tienen consecuencias financieras reales.

El resultado de las urnas medirá hasta qué punto el electorado respalda o frena esta línea. La socióloga Arlie Russell Hochschild, de la Universidad de California en Berkeley, sospecha que la sensación inicial de parálisis entre los opositores "se ha disipado en gran medida" y que acudirán a votar. Con el precio del combustible y el coste de la vida en el centro de la preocupación ciudadana, la economía doméstica llega a esta cita como uno de los argumentos decisivos.